julio 13, 2010
Los hijos de Pepita han ganado el campeonato de fútbol del barrio. No es una competición cualquiera, es la más prestigiosa de cuantas se celebran en el vecindario y la familia de Pepita nunca la había ganado. Por eso el domingo, cuando los chavales se hicieron con el trofeo, y ayer cuando llegaron a casa, la fiesta en el piso fue monumental.
Sus hermanos se abrazaban, reían, lloraban, saltaban, cantaban… pero lo más importante de todo, lo hacían todos juntos. La familia eternamente dividida (los de papá, los de mamá, Jordi con sus tonterías, el problemático cuarto de Aitor…) se unía en la celebración más multitudinaria y emotiva jamás vivida.
El amor a esos chicos, que juegan como los ángeles, ha propiciado que la alegría llegue a una familia que se encuentra en el momento más angustioso desde hace más de cuarenta años. Hay que disfrutarlo, pero ante todo deben sacar conclusiones. Doña Pepita se empeñó en separar a sus hijos desde que tomó las riendas de casa: los de una habitación por aquí, los de otra por allá, los que siguen a su padre fueron señalados como los judíos en la Alemania nazi, y todos aquellos que estaban orgullosos de su casa y de su apellido eran poco menos que fanáticos del abuelo Paco.
Como ella siempre estuvo acomplejada de su apellido, les fue creando ese mismo complejo a los chavales, que no se atrevían a decir por el barrio quiénes eran. Después ella, con sus meteduras de pata, sus sandeces y su ineptitud total, terminó por dejar la imagen de la familia por los suelos. Pero estos chicos han llevado el nombre de su familia a lo más alto. Y lo han hecho sin complejos, unidos, realizando un juego maravilloso pero también sin dar patadas y cumpliendo las normas como caballeros. Toda una lección a unos padres que llevan años tirándose los trastos a la cabeza, haciendo trampas y metiendo la mano a la caja en cuanto han tenido la ocasión.
Pero no hay que confundirse, la alegría es enorme aunque llega en el terreno de lo ocioso. Cuando la euforia pase, el desempleo seguirá, la gran imagen que los chicos del fútbol han mostrado dará paso al desastre que supone Pepita y su nefasta gestión, y entonces las miradas de los vecinos volverán a cambiar la admiración por la desconfianza. Y eso, en el terreno de la doña, que son los dineritos, es algo preocupante de verdad.
Por eso en casa deben darse cuenta de que la familia es lo primero y deben velar por un bien común que la cabeza de chorlito, perdón, cabeza de familia no está en condiciones de proporcionar. Si el egoísmo de la señora no le permite aceptarlo, sus hijos deben saber que el campeonato más importante que van a jugar será en marzo de 2012 y allí deberán ganarse realmente el respeto del barrio eligiendo entre mamá, papá o, Dios lo quiera, algún miembro de la familia que sea más sensato que esos dos.
Los chicos futboleros ya han demostrado que hay buenos genes en la familia a pesar de los pesares. Sólo falta descubrir quién los lleva y darle el mando de la casa para que ponga un poco de sensatez en una casa que hasta anteayer parecía haber perdido el orgullo de un apellido con muchos siglos de antigüedad y bajo el cual todos deberían estar unidos, más allá de sus diferentes personalidades.
Por cierto, hasta hoy nunca os he dicho como se apellida la familia de Doña Pepita y creo que hoy es el mejor momento. Su apellido es ESPAÑA.
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Escrito por casticlairac
julio 8, 2010
… y te diré de lo que careces. Doña Pepita no para de llenarse la boca con palabras como “libertad” o “respeto a las normas”, y en realidad cada día se parece más al abuelo Paco y a personajes tan poco recomendables como Don Fidel o Hugo “El Gorila”.
La señora nunca ha entendido que las normas son iguales para todos y que están hechas para cumplirse. Ella en realidad se siente por encima de estas, se considera siempre en posesión de la verdad y hace lo que le da la gana. La mujer tiene un grave error sobre el concepto de convivencia y es que está convencida de que si una mayoría decide algo, esa decisión está por encima de cualquier norma consensuada anteriormente.
En realidad lo ha hecho siempre. Se harta de decir que Don José es el calco del abuelo Paco, cuando realmente es ella la que lleva en los genes ese afán de prohibir, de acabar con quien piensa diferente y de menospreciar el valor de las normas.
La última moda, antaño muy utilizada por el abuelo Paco, es abofetear antes de preguntar. Pero Pepita sólo sacude a los chicos que apoyan a Don José. En cuanto tiene la ocasión, ¡zas!, guantazo delante de sus hermanos. “Tú ya sabes por qué te pego”, dice la doña. Y castiga al chaval sin decirle siquiera el motivo de su reprimenda. Luego, si resulta que el niño no es culpable, le levanta el castigo a escondidas y todos tan contentos.
Desde luego que en las normas de la casa, y en las de cualquier familia civilizada, esta práctica está prohibidísima, pero, como os he dicho, a ella le da igual. Por el contrario, a sus hijitos mimados ni siquiera les pregunta aunque sea evidente que han hecho alguna tropelía, han mangado dinero de la hucha, etc.
Lo que realmente asusta es cómo esta flagrante injusticia es aceptada por el resto de los chavales, al margen de que estén con papá o con mamá. Y es que por encima de papá, de mamá, y de los propios chicos, están las normas, que son la garantía de convivencia y orden dentro de cualquier familia.
Pues resulta que no, que Doña Pepita habla en nombre de sus hijos (aunque no le hayan dado expresamente su visto bueno), y alegando el bien general de estos, se salta las normas a la torera y hace lo que le viene en gana. En casa de Hugo ”El Gorila” saben de lo que hablo; y en la chabolita de Don Fidel, no digamos. Pero hasta en esas familias donde los progenitores reparten hostias como panes, hay grupos de chicos que protestan, que se rebelan, que luchan por unos derechos que, en el caso de la familia de Don Fidel, los más jóvenes jamás tuvieron.
Y sin embargo en casa de Pepita callan, están aletargados o lo que es peor, les da igual. Triste panorama en una casa donde muchos sí se rebelaron contra el abuelo Paco para conseguir unas normas que ahora Doña Pepita desprecia y pisotea al tiempo que acusa falsamente a su marido de hacer precisamente eso. Y es que la doña ha atontado magistralmente a los chavales de forma maliciosa para que crean que es la defensora de lo que en verdad ella misma está destruyendo: la libertad.
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Asuntos Exteriores, Comunidades Autónomas, Economía, Interior, Sociedad | Etiquetado: abuelo Paco, anticonstitucional, coartar libertades, constitución del 78, democracia, detención ilegal, Doña Pepita, Estado de Derecho, estado policial, Estatut, incumplimiento de las normas, ley del aborto, los chicos, ministerio de Interior, PSOE, Rubalcaba, totalitarismo, ZP |
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Escrito por casticlairac
julio 5, 2010
Sé que el título de hoy puede parecer un contrasentido, pero con Pepita ¿qué no lo es? El otro día finalizó el semestre como presidenta de la comunidad de vecinos y la mujer decidió hacer balance. Yo pensé que pediría disculpas, que diría algo así como: “siento el desastre pero he estado muy ocupada con el follón que tengo en casa…” o “perdonadme pero ya sabéis que a mí lo de los números y tomar decisiones no se me da muy bien…”
Sin embargo, la doña se puso sus mejores galas y apareció pavoneándose con una frase antológica: “gracias a mí, durante mi mandato hemos conseguido por fin crear unas directrices comunes en la administración de los dineros de las familias del bloque”. ¡Tócate las narices! ¡Si precisamente los vecinos llegaron a esas conclusiones por miedo a que gente como Pepita arruinase a todo el edificio!
Es como decir que el gran propulsor y artífice de la Organización de Naciones Unidas (ONU) fue…¡Hitler!
Lo de esta mujer es tremendo. Yo no sé si lo hizo para defenderse, si lo dijo para hacer la gracia o es que realmente está mal de la cabeza y se lo cree de verdad. Pero desde luego es una de las mayores burradas/sinvergonzadas que yo he escuchado jamás.
Pero ahí sigue ella. Ahora está tratando de averiguar qué trampas puede hacer para que Jordi deje de llorar y pueda tener las normas que se sacó de la manga y que fueron declaradas ilegales en su gran mayoría. Eso es una madre dando lecciones. “Las normas están para saltárselas y si tú me sigues apoyando, yo te ayudo a hacer trampas”, le dice al chiquet.
Por lo demás, todo sigue igual. La familia más pobre que nunca, Don José de vacaciones, Doña Pepita esperemos que haga lo propio y se largue a la playa (es cuando genera menos daño) y los niños a pasar hambre… y ahora calor. Así que confiemos en que por lo menos el chiringuito de la piscina funcione bien este verano, dé trabajito a algunos chavales y a la vuelta Dios dirá. Porque lo que son cambios de verdad que puedan mejorar la situación… nada de nada.
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Comunidades Autónomas, Economía, Interior, Sociedad, Unión Europea | Etiquetado: balance, comunidad de vecinos, crisis, demente, Doña Pepita, empleo, final, loca, los chicos, presidencia UE, semestre, sinvergüenza, turismo, vecinos |
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Escrito por casticlairac
junio 29, 2010
Hay dos hijos de Pepita a los que no puedo ni ver, no os lo voy a negar. Son COCO y Jordi. No es que yo sea un maniático, tampoco tengo prejuicios de ningún tipo, pero hay algo que siempre me ha molestado sobremanera: los listillos que se saltan las normas.
En una familia, en una sociedad, en un torneo… prácticamente en todos los ámbitos de la vida hay una serie de normas, que facilitan el desarrollo de la vida, la convivencia, los deportes, etc. De otra forma, las actividades colectivas resultarían imposibles.
Ateniéndonos a esta cirscunstancia de reglas establecidas, generalmente por votación, hay dos clases de personas. Una gran mayoría que acata las normas puesto que las consideran algo necesario y beneficioso en líneas generales; y una minoría de listillos que, creyéndose por encima del bien y del mal, hacen lo que les parece generando conflicto, tensiones y malestar a los que les rodean.
COCO y Jordi son de estas últimas personas, pero lo que más repugna de ellos es que se pasan las normas de la casa por el arco del triunfo alegando que con ello velan por los intereses de sus hermanos. No se puede ser más mezquino.
Hoy en casa de Pepita ha habido un par de ejemplos bien claros. Las normas que Jordi se autoadjudicó para su habitación han sido “pulidas” en gran parte (aunque no lo suficiente) por el Tío Constantino (TC) después de dos años leyendo, releyendo, interpretando, reinterpretando, aguantando las presiones de Pepita, del propio Jordi, y del sur sum corda. La reacción del niñato ha sido llamar a la rebelión, amenazar a la familia como un macarra y encajar la aplicación de las normas con una pataleta propio de lo que es, un niñato mimado.
Y es que cuando Jordi preguntó a los hermanos que viven en su cuarto si querían esas normas, no le hicieron ni caso y aprobó el panfleto con el apoyo de cuatro gatos.
Lo de COCO todavía es peor. Las normas de la casa dicen que todos los chicos que trabajen tienen derecho a protestar, siempre y cuando cumplan un mínimo de sus tareas. Pues los chicos que conducen el trenecito en la habitación situada en el centro del piso, inducidos por el inefable COCO, se han saltado a la torera las normas y han parado por completo su actividad colapsando dicha habitación, perjudicando gravemente al resto de sus hermanos.
COCO ha salido orgulloso a decir que apoya a estos irresponsables ya que él ha sido el gran instigador. Este vago, que lleva bailandole el agua a su madre mientras sus hermanos se quedan sin empleo, ahora se enorgullece de que unos niños que tienen un puesto seguro pagado por el resto de sus hermanos, les ocasionen un auténtico follón porque no quieren arrimar el hombro en la política de ahorro decretada por… ¡SU MAMÁ!
¿Se puede ser más ruin? ¿Se puede tener tanta cara? Y esto ocurre porque tanto Doña Pepita como Don José han perdido la capacidad coercitiva sobre sus hijos debido a sus complejos heredados de la época del abuelo Paco. Dicho de otra manera, que los padres ya no son capaces de dar un bofetón o castigar a sus hijos por el miedo al qué dirán. Así, estos dos impresentables se les suben a las barbas y hacen lo que les parece.
En casa todos deben tener unos derechos asegurados, pero también unos deberes. Sobre todo cuando el incumplimiento de sus deberes por parte de unos pocos afecta a los derechos de una mayoría que sí respeta las normas. Mientras Pepita y Don José no entiendan esto, no tendrán una familia en condiciones.
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Comunidades Autónomas, Economía, Interior, Sociedad | Etiquetado: acatar las normas, amenazas, castigo, cataluña, CCOO, CIU, COCO, complejos, convivencia, cumplir la ley, Estado de Derecho, huelga metro Madrid, Jordi, leyes, Montilla, sentencia estatut, sindicatos, TC |
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Escrito por casticlairac
junio 25, 2010
Me despisto un par de días y cuando vuelvo por casa de Pepi, el panorama me sorprende con sucesos de lo más insospechado. Resulta que ayer vi a Doña Pepita y Don José abrazados y mirándose como dos tortolitos. En ese momento me recorrió un escalofrío por la columna que no me gustó nada. ¿Cobardía? Puede. ¿Puro instinto de supervivencia? Seguro. Y es que cuando estos dos se juntan así de repente… malo.
Y pregunté, claro: “¿Qué se celebra?”. “Pues que mamá y papá se han puesto de acuerdo”, me respondió uno de los chicos, que contemplaba la escena más ojiplático que yo. Entonces mi desconfianza inicial se tornó en miedo y volví a preguntar: “¿En qué se han puesto de acuerdo?”. Y entonces llegó la respuesta más inesperada sobre la faz de la Tierra: ¡En no subir la factura de la luz!
Perdón, igual mi insuperable sorpresa os llama la atención, pero os lo explico para que me sigáis. En casa de Pepita el tema de la luz es algo entre una cosa de locos, un jeroglífico incomprensible y un despropósito tamaño XXL.
Como tienen pocos generadores, tienen que comprarla a los vecinos y la factura se encarece. Lo lógico sería montar en casa modernos generadores de baterías (energía nuclear) que producen mucha electricidad y de forma barata. Pero no, Pepita es de Greenpeace y “eso es una cosa mu malísima que da cáncer”, dice ella con el tecnicismo que le caracteriza.
Así que se ha dedicado durante años a pagarles un pastón a algunos de sus hijos para que hagan molinillos y placas solares que dan menos luz que la bombilla de una bici y además sale por un ojo de la cara. Eso sí, para que el resto de chavales apoyen esta verde iniciativa, la madre no subía la factura de la luz a los chicos y pagaba la diferencia pidiendo pasta a los vecinos.
Durante años tanto Doña Pepita como Don José se han tirado los trastos a la cabeza por el tema de la luz. ”¡Esto no puede seguir así, sube las tarifas!”, decía él. “¡Tenías que haberla subido tú hace años!”, respondía ella. Y cuando ahora que vienen mal dadas, no puede sostenerse ese absurdo sistema y todo indicaba que los chicos acabarían pagando la electricidad a su precio (ahora pagan menos de lo que cuesta)… cogen y deciden en paz y armonía que no. Que seguimos subidos en la ola de los precios bajos.
¿Y por qué?
1. Porque si los chavales tuvieran que pagar realmente lo que cuesta la luz producida por las placas y molinillos, empezarían a pensarse muy mucho la posibilidad de los generadores de baterías y el discurso de Pepita a lo indio Jerónimo en favor de la madre tierra (completamente falso, por cierto) se iría a la mierda.
2. Porque los hermanos de los molinillos y las placas se han forrado artificialmente en el mercado de los papelitos con inversiones de los vecinos y si se acaba el chollo, se irían a la mierda.
3. Porque como sigan atizándoles a los chicos y exprimiéndoles más, no va a quedar ninguno con un mísero euro para poderles sablear. Entonces, el día que hubiese que votar habría estampida general, y Doña Pepita y Don José se irían a la mierda.
En conclusión, la esquizofrenia de esta familia no tiene límites. Se acabarán yendo a la mierda.
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Economía, Interior, Sociedad, Unión Europea | Etiquetado: a la mierda, acuerdo PP-PSOE, boom, burbuja, contradicción, deficit tarifario, Doña Pepita, Don José, eléctricas, energía nuclear, energías renovables, esquizofrenia, factura de la luz, incoherencia, los chicos, precios electricidad, subvención, surrelista |
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Escrito por casticlairac
junio 21, 2010
Decía la parabola bíblica que “si le das un pez a un hambriento, comerá un día; si le enseñas a pescar, comerá todos los días”. Sin embargo, Doña Pepita siempre tiende a educar a sus hijos a través del chantaje en lugar de hacerlo transmitiendo valores.
“Si te comes la verdura, te doy un caramelo” dice la señora. Cuando lo realmente efectivo es convencer a los chicos de que la verdura es sana y muy rica. Así, cuando no esté su madre ni el caramelo, los chavales seguirán comiendo estos saludables vegetales.
Pues con la reforma de las normas de los trabajadores, pasa lo mismo. La mujer ha presentado un borrador plagado de costosos chantajes pagados como siempre con el dinero de la cuenta familiar, es decir, de los chicos. Para colmo Don José ha dicho que si cuenta con él para hacer algunas modificaciones, apoyará a su madre. Increíble, pero cierto.
A mi me da miedo porque Pepita ha hecho las cuentas de la lechera y dice que dará empleo a dos de cada tres chicos en paro. La última vez que afirmó que iba a conseguir emplear a todos sus hijos, casi deja sin trabajo hasta al abuelo Juanito. Así que podemos empezar a temblar.
Sobre todo porque lo más necesario en esta casa es un cambio de mentalidad, que algunos chavales están muy maleados. COCO debe desaparecer o si quiere seguir haciendo el vago que le pague los hermanos que le apoyan, no la cuenta familiar. Hay que desterrar la idea de colocar grilletes a trabajador y empresa “hasta que la muerte los separe”. Y, sobre todo, no dar dinerito a quienes contraten a un tipo de trabajador porque el día que se acabe el chocolate del loro el problema seguirá ahí.
Hay que hacer comprender a los chicos que no pasa nada por mudarse a otro cuarto a trabajar; que los chicos más mayores pueden aportar mucha experiencia y por lo general saben más y son más productivos aunque trabajen la mitad; controlar las trampas de los contratos ‘formativos’ donde los chicos más jóvenes trabajan como un empleado más y cobran como si les estuviesen dando clases de algo.
En definitiva, tienen que cambiar el chip y empezar a ser autosuficientes sin esperar que los padres saquen las castañas del fuego. Pero eso sí, sin que estos tampoco perjudiquen a los chicos ni los machaquen con contribuciones sangrantes absurdas.
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Economía, Interior, Sociedad | Etiquetado: aumento productividad, bonificaciones, borrador, cambio de mentalidad, despido, Doña Pepita, Don José, los chicos, movilidad laboral, reforma laboral, sindicatos |
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Escrito por casticlairac
junio 17, 2010
Doña Pepita fue de lista y estableció una agenda donde daría a conocer las medidas más controvertidas coincidiendo con los partidos de su hijo futbolista. Así, sus hermanos estarían distraídos festejando las victorias y pasarían un poco más desapercibidas las malas noticias.
Sin embargo, como la señora lleva un carrerón que si monta un circo le crecen los enanos, le ha salido el tiro por la culata. El niño perdió ayer su primer partido y los chavales han desayunado hoy con doble ración de amargura. La futbolera, y la del anuncio de Pepita de que será más fácil despedir a los trabajadores. Pero, ¿y la otra cara de la moneda? Sí, la de la facilidad a la hora de contratar. Porque si es más asequible despedir, pero igual de costoso contratar, lo que generará la medida es más paro.
Y es que a Pepita lo que realmente se le da bien es crear parados. Queriendo, sin querer, por acción o por omisión, la mujer es especialista en dejar a sus hijos mano sobre mano.
Por su parte, los chicos están ya que no saben si cortarse las venas o dejárselas largas. Si en tiempos de Julio César se hablaba de “pan y circo” como fórmula ideal para mantener al pueblo tranquilito, los chavales de esta casa hace tiempo que no tienen pan y el circo… pues eso, ni circo.
Así que, aunque Doña Pepita no tiene culpa de la derrota futbolera, la mano invisible de la justicia universal ha querido que su táctica ruin se vuelva en su contra y encabrone aún más a sus hijos. Sin embargo, como la doña no está dispuesta a largarse hasta que la echen, habrá que pedir a los astros, la providencia o a quien sea, que por lo menos el fútbol le dé una alegría a una familia que no merece tanto castigo (a pesar de que ellos eligieron a su mamá). Como no va a haber pan durante mucho tiempo, por lo menos que las penas con circo sean menos penas.
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Economía, Interior, Sociedad | Etiquetado: abaratamiento despido, anuncio, castigo, cobarde, coincidencia, decretazo, Doña Pepita, encabrone, estrategia, fútbol, los chicos, ruin, tiro por la culata |
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Escrito por casticlairac
junio 15, 2010
Se veía venir. Ya resultaba raro que Doña Pepita fuera a reformar las normas del trabajo por las bravas, y más extraño aún era que su COCO del alma le fuera a montar un pollo por todo lo alto. Y es que la opereta ha salido hoy a la luz de la manera más desvergonzada posible.
Resulta que la madre ha decidido ahora que va a debatir con la familia la reforma, y el niñito de las narices, que hoy iba a anunciar la fecha de su revuelta, ha fijado la fecha de esta para ¡el 29 de septiembre! Parece una broma, pero no. Con la casa al borde de la ruina y las cifras de chicos en paro completamente desbocadas, Pepita y COCO han decidido dejarlo todo para septiembre. No vaya a ser que se pongan a sudar, o que no se puedan ir a la playita a tomar mojitos.
Para ese momento ya podemos estar todos calvos, que entonces la doña aprobará un panfleto de chichinabo que será prácticamente igual a lo que tienen ahora. Y COCO montará una cacerolada que coincide con otras protestas en el edificio y donde no se sabrá si protesta contra su madre o contra la providencia divina que ha hecho caer las plagas sobre la familia, exhimiendo de responsabilidad a su mamá.
Porque, no nos engañemos, viven el uno para el otro y los chavales de la casa les importan un huevo. Sólo buscan que su culo se mantenga en la poltrona y seguir tirando de la Visa oro familiar mientras todos los demás se aprietan el cinturón hasta que los ojos se salen de sus órbitas.
En fin, con esta actitud lo que van a conseguir es que Don José se haga con el mando de la familia y pueda echar a COCO de casa en cuanto llegue, mientras sus otros hijos aplauden la decisión. Y entonces podremos decir que no hay mal que por bien no venga y por lo menos parte del sufrimiento habrá merecido la pena.
Mientras tanto, toca tragar con esta gentuza que cada día se superan a sí mismos.
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Comunidades Autónomas, Economía, Interior, Sociedad, Unión Europea | Etiquetado: 29 de septiembre, broma, cara dura, COCO, Doña Pepita, Don José, eliminar, huelga general, reforma laboral, sindicatos, sinvergüenza, ZP |
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Escrito por casticlairac
junio 14, 2010
Aunque no me gusta decir tacos, me resigno a repetir esta gran frase del Conde de Romanones, y que Mariano Rajoy utilizó quizá la única vez que ha tenido algo de gracia en su vida, para resumir cómo está el patio en el barrio y en la casa de Pepita.
Y es que el edificio empieza a recordar al bar de la serie “Los ladrones van a la oficina”, donde se reunían carteristas, piratas, timadores, ladrones y asaltantes de todo pelaje.
- COCO ha tenido la poca vergüenza de anunciar que llamará a todos sus hermanos a la huelga. Eso sí, mañana dirá qué día. Ni siquiera Don José, loco por darle la puntilla a su esposa, apoyará una protesta que llega tarde y sin ninguna credibilidad ya que, mientras toda la familia se aprieta el cinturón, COCO ha decidido subirse el sueldo “porque yo lo valgo”, dice. ¡Buena forma de conectar con sus hermanos!
- Doña Pepita ha confeccionado una agenda donde todas las decisiones controvertidas serán anunciadas mientras la familia está viendo a los chicos jugar el torneo de fútbol que se celebra en el barrio. Además, en la norma general de trabajo que impondrá a los suyos, le ha pedido a Jordi que diga que las medidas más duras para los chavales las ha propuesto él. La señora, además de ingenua, es ruin no, lo siguiente.
- Pero la palma se la lleva de momento la señora Schindler y sus hijos. Cada vez que Doña Pepita la lía, los préstamos salen más caros. Y como la referencia que se toma en el edificio son los intereses que les cobran a los alemanes, cuanto peor le vaya a Pepita, mejor parece que les va a los Schindler. Por eso se dedican a lanzar bulos sobre la paupérrima situación de la doña y sus hijos que, siendo malísima, no llega al extremo que insinúan estos lobos con piel de cordero. Ojo, que digo lo de “bulos” porque hasta la comunidad de vecinos le ha dado un toque a la teutona, que si fuera por la palabra de Pepita, yo ya no sabría qué creerme.
Así que, visto lo visto, si estos son los defensores de los trabajadores, la madre protectora de sus retoños y los salvadores de la comunidad de vecinos, respectivamente, yo soy Saquille O’neill, mido 2,17 m, peso 130 kg, soy negro y juego al baloncesto. Desde luego no queda otra que decir: ¡Joder, qué tropa!
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Comunidades Autónomas, Economía, Interior, Sociedad, Unión Europea | Etiquetado: Alemania, bulos, CIU, COCO, comunidad de vecinos, decretazo, Don José, huelga general, los chicos, los vecinos, mundial de fútbol, prensa alemana, reforma laboral, sindicatos, UE, ZP |
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Escrito por casticlairac
junio 10, 2010
¿Sabéis aquellas películas donde el bueno es secuestrado y sustituido por un doble aparentemente igual pero con detalles que revelan su envés maligno? ¿O aquellas en las que el héroe es hipnotizado por un brujo para que haga el mal? Pues a Doña Pepita le está pasando lo mismo últimamente pero al revés, de mal a bien. Y es que la señora parece otra, aunque la cosa tiene truco.
Hoy, por ejemplo, se ha reunido con el párroco del barrio, Don Bene, al que es sabido que no puede ni ver. Sin embargo, el motivo es que, por tradición, el presidente de turno de la comunidad de vecinos se entrevista con el cura para charlar sobre algunos temas. Y a la señora no le ha quedado más remedio que tragar. Aunque ese es un asunto menor.
Lo que realmente sorprende es que durante esta visita, Pepita ha dicho que va a cambiar ella las normas de trabajo de los chicos y con reformas para abaratar los despidos. Incluso ayer dijo que debe cambiarse la estructura de mando en casa para ahorrar. Si contamos las cajas de Lizipaína que ha gastado la doña desgañitándose afirmando justo lo contrario, podríamos estar una tarde entera y no acabaríamos.
El secreto de este cambio es que la comunidad está apretando pero bien. Hasta tal punto que la gestión de la casa en materia de dineros podría decirse que la deciden los vecinos mientras presionan con el cañón de un revólver la espalda de Pepi y esta ejecuta, poniendo su sonrisilla tontuna que tan bien sabe esbozar.
Además, después del fracaso de COCO la mujer sabe que es el momento de dar este bandazo sin que se le forme una auténtica revolución en casa. Claro que, para no pecar de ingenuos, habrá que esperar porque eso es lo que ha dicho ella y ya sabemos que el kilo de palabra de Pepita vale lo mismo que un kilo de arena en el desierto ó 1.000 gramos de hielo en en el Polo Norte.
No obstante, a mí me da la sensación que está aprendiendo a base de jarabe de palo y le está cogiendo el gustillo a esto de tomar medidas impopulares. Por un lado, es una buena noticia siempre que esté bien asesorada por vecinos y gestores del edificio. Aunque, por otro, como coja carrerilla y empiece a tomar decisiones por su cuenta… vete a saber por dónde puede salir.
En cualquier caso, ya que Pepita no se quiere ir ahora, por lo menos que estos dos añitos que quedan haga todo lo que le digan a ver si así para la sangría que está dejando. Y dentro de un par de años cuando haya que votar, serán sus hijos los que tendrán que rezar para que no repita mandato y que Dios nos pille confesados.
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Escrito por casticlairac