¡¡¡Por fin una alegría!!!

Los hijos de Pepita han ganado el campeonato de fútbol del barrio. No es una competición cualquiera, es la más prestigiosa de cuantas se celebran en el vecindario y la familia de Pepita nunca la había ganado. Por eso el domingo, cuando los chavales se hicieron con el trofeo, y ayer cuando llegaron a casa, la fiesta en el piso fue monumental.

Sus hermanos se abrazaban, reían, lloraban, saltaban, cantaban… pero lo más importante de todo, lo hacían todos juntos. La familia eternamente dividida (los de papá, los de mamá, Jordi con sus tonterías, el problemático cuarto de Aitor…) se unía en la celebración más multitudinaria y emotiva jamás vivida.

El amor a esos chicos, que juegan como los ángeles, ha propiciado que la alegría llegue a una familia que se encuentra en el momento más angustioso desde hace más de cuarenta años. Hay que disfrutarlo, pero ante todo deben sacar conclusiones. Doña Pepita se empeñó en separar a sus hijos desde que tomó las riendas de casa: los de una habitación por aquí, los de otra por allá, los que siguen a su padre fueron señalados como los judíos en la Alemania nazi, y todos aquellos que estaban orgullosos de su casa y de su apellido eran poco menos que fanáticos del abuelo Paco.

Como ella siempre estuvo acomplejada de su apellido, les fue creando ese mismo complejo a los chavales, que no se atrevían a decir por el barrio quiénes eran. Después ella, con sus meteduras de pata, sus sandeces y su ineptitud total, terminó por dejar la imagen de la familia por los suelos. Pero estos chicos han llevado el nombre de su familia a lo más alto. Y lo han hecho sin complejos, unidos, realizando un juego maravilloso pero también sin dar patadas y cumpliendo las normas como caballeros. Toda una lección a unos padres que llevan años tirándose los trastos a la cabeza, haciendo trampas y metiendo la mano a la caja en cuanto han tenido la ocasión.

Pero no hay que confundirse, la alegría es enorme aunque llega en el terreno de lo ocioso. Cuando la euforia pase, el desempleo seguirá, la gran imagen que los chicos del fútbol han mostrado dará paso al desastre que supone Pepita y su nefasta gestión, y entonces las miradas de los vecinos volverán a cambiar la admiración por la desconfianza. Y eso, en el terreno de la doña, que son los dineritos, es algo preocupante de verdad.

Por eso en casa deben darse cuenta de que la familia es lo primero y deben velar por un bien común que la cabeza de chorlito, perdón, cabeza de familia no está en condiciones de proporcionar. Si el egoísmo de la señora no le permite aceptarlo, sus hijos deben saber que el campeonato más importante que van a jugar será en marzo de 2012 y allí deberán ganarse realmente el respeto del barrio eligiendo entre mamá, papá o, Dios lo quiera, algún miembro de la familia que sea más sensato que esos dos.

Los chicos futboleros ya han demostrado que hay buenos genes en la familia a pesar de los pesares. Sólo falta descubrir quién los lleva y darle el mando de la casa para que ponga un poco de sensatez en una casa que hasta anteayer parecía haber perdido el orgullo de un apellido con muchos siglos de antigüedad y bajo el cual todos deberían estar unidos, más allá de sus diferentes personalidades.

Por cierto, hasta hoy nunca os he dicho como se apellida la familia de Doña Pepita y creo que hoy es el mejor momento. Su apellido es ESPAÑA.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.